Con la Revolución Francesa se aprobó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, concretamente en 1789. En ella, su primer artículo afirmaba que “los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos”. Aunque esta sentencia también incluía a los niños, no fue hasta 1924 cuando se realizó la primera declaración expresa sobre los derechos del niño.
Tras la Primera Guerra Mundial, en la que hubo un grave descenso de mano de obra masculina, aumentó de forma considerable el número de niños que se emplearon en los antiguos oficios de sus padres, ahora soldados. De la misma manera que la Gran Guerra supuso la introducción de las mujeres en el mercado laboral, también significó el auge de la explotación infantil europea.
Los derechos del niño son considerados como una de las piezas fundamentales de las democracias occidentales. De hecho, son consideradas como un buen termómetro para medir las libertades que existen en un país. La instauración del Estado de Bienestar consiguió para toda la población un acceso pleno a la sanidad y a la educación pública. Sin duda, los derechos del niño están ligados a su bienestar, protegiéndolos de todo tipo de abusos: laborales, sexuales o físicos.
En la actualidad a muchos niños se les está privando de sus libertades, incluso en países desarrollados y democráticos como el nuestro donde demasiados niños y niñas siguen sin poder ir a la escuela o guardería en grandes ciudades como Barcelona o Madrid. En países subdesarrollados, donde sólo unos pocos tienen derechos, los menores están completamente desprotegidos. Pero lo que pasa a veces en países occidentales, donde se supone que los derechos de las personas están completamente asumidos, es sorprendente. En algunos casos los padres se han negado a llevar a sus hijos al colegio, porque no “creían” en el sistema educativo de sus países. En otros casos, los niños han sido víctimas de todo tipo de abusos por parte de personas mayores, incluyendo casos de secuestro o violación.
Creo que es intolerable que esto ocurra en países desarrollados, de la misma manera que existan ciertos sectores de la sociedad, apoyados por determinados partidos políticos, que se opongan a la defensa de los derechos del niño en los casos en que éste se convierta en un delincuente. El cine, al igual que campañas como la de la Plataforma de Infancia, son medios que en mi opinión deben extenderse para concienciar a la sociedad sobre la importancia de la defensa de estos derechos y sobre el disparate que supone despojar de éstos a los menores que delinquen.
Foto: Cuti en Arte y fotografía