
La cifra de desplazados se cuenta por millones
Ya hemos comentado en varias ocasiones lo cruel e ilógico del olvido mediático. Las noticias son efímeras; sólo se consideran como tales mientras se les puede estampar la etiqueta “novedad” en la frente. Cuando ésto deja de ser así, hasta las mayores catástrofes desaparecen de las portadas de los periódicos. Una vez más ha sucedido, esta vez con las inundaciones que durante este verano han azotado Pakistán.
La cifra de afectados ya supera los 17 millones, y se calcula que el 50 % de este total son niños. Mientras el agua sigue extendiéndose hacia las regiones de Sindh y Balochistan, al sur del país. Naciones Unidas, entre otras ONG y organismos internacionales, llevan ya tiempo destacando la gravedad de una situación que podría ser aún más alarmante que la de Haití. La población local, por su parte, se muestra molesta por la ineficacia de sus autoridades. Hasta el punto que algunos sectores han recurrido a organizaciones benéficas islámicas. Por supuesto, este hecho complica las cosas.
Si hay algo en lo que se pueda colaborar desde el primer mundo, como suele ser habitual en estos casos, es con el envío de medicamentos. De entre todas las afecciones que afectan a los damnificados destacan las gastrointestinales. Así, la diarrea aguda se está convirtiendo en un mal muy común que, por el momento, se combate del mismo modo que se haría con los casos de cólera (enfermedad de la que aún no se ha dado ningún caso). “Si la higiene en las zonas afectadas no mejora, el riesgo es que el número de casos de diarreas agudas y otras enfermedades intestinales aumente en los próximos días”, asegura Guido Sabatinelli, representante de la OMS en Pakistán. Las infecciones en la piel y en los ojos, la hepatitis o la malaria son algunos de los demás riesgos que mantienen en alerta a los organismos internacionales.
Los males que afectan a la población son graves, pero los que afectan a los bienes y territorios marcarán la vida en Pakistán durante los próximos meses. Y es que al menos 3,2 millones de hectáreas, alrededor del 14% de las tierras cultivadas, han sufrido los efectos del desastre. “Podríamos tener un año de desabastecimiento de alimentos y de altos precios de los bienes comestibles“, afirma Josette Sheeran, directora ejecutiva del Programa Mundial de Alimentos. Por el momento, el crecimiento económico del país, previsto en un 4,5 por ciento este año fiscal, ahora se cree que oscilará entre un 0 y un 3 por ciento.
El tiempo pasa y las noticias vuelan, pero el término “consecuencias” no perdona ni a ricos ni a pobres. Del mismo modo, el tiempo cura, y sólo él devolverá las aguas a su cauce y la tranquilidad (o relativa tranquilidad) a Pakistán. Sea como sea, nuestra ayuda siempre es indispensable. Ningún mal cura solo y, aunque lo hiciera, cicatriza mejor con un poco de yodo.
Fuente: ElComercio.com
Foto: Pakistan floods por United Nations Development Programme en Flickr.com.