
Aún hoy se hayan restos de petróleo bajo las especies que viven pegadas a las rocas
Fue el 13 de noviembre del 2002 cuando el petrolero Prestige sufrió un accidente causado por un fuerte temporal. Seis días después el barco se hundía provocando una marea negra cuyos efectos devastadores sensibilizaron e incluso movilizaron a mucha de la sociedad civil española. En su día se insistió en los efectos a largo plazo de la catástrofe, destacando que la flora y fauna de la zona tardaría muchos años en recuperarse. Tan sólo siete años más tarde estas consecuencias se han silenciado. Lo acontecido hace casi una década no es noticia.
Pero la catástrofe y sus efectos están ahí, tal y como afirman las pocas informaciones que nos llegan sobre el tema. Sin ir más lejos, hace poco supimos que el Prestige sigue virtiendo 50 litros de fuel al día. Según afirmó en noviembre el portavoz en materia de Pesca del BNG, Bieito Lobeira, el pecio hundido del Prestige aún alberga entre 1.200 y 1.500 toneladas de fuel que pierde paulatinamente por pequeñas fisuras. Aunque esta cantidad es mínima pero suficiente para corrosionar lentamente el material del casco del barco. No parece algo digno de ser obviado durante mucho tiempo.
Por otra parte, hace un par de años salió a la luz un estudio de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica en el que se destaca que aquellos que participaron muy activamente en las tareas de limpieza tras el desastre ecológico (sobre todo marineros) padecen, en algunos casos, alteraciones en las vías respiratorias relacionadas con el vertido. Los afectados sufren síntomas como tos o obstrucción respiratoria.
También han salido a la luz durante el último año los efectos sobre algunas especies animales. La extinción de los cormoranes, por ejemplo, alcanzó la cifra del 50% durante el 2009. La cantidad de parejas de estas aves antes de la tragedia ascendía a 2500, y a marzo del 2009 la cantidad había descendido hasta 1200. No es de extrañar teniendo en cuenta que entre noviembre y diciembre del 2002 se hallaron más de 12.000 aves muertas… y las que vinieron después. Sería de ilusos pensar que, a la larga, no habría especies perjudicadas.
La salud de los mejillones del Cantábrico también sufrió alteraciones. Según una tesis elaborada por la Universidad del País Vasco, entre los años 2004 y 2006 pudieron observar alteraciones en el tamaño, la membrana celular y el sistema digestivo. Aunque se observó una mejora durante los dos años de estudio, a su conclusión la especie aún no se había estabilizado.
Si bien es cierto que existe cierta recuperación a nivel general, es difícil afirmar cuánto tardará en restaurarse totalmente el ecosistema. Experiencias anteriores, como el desastre del Exxon Valdez en Estados Unidos (1989), demuestran que ni pasados 20 años las aguas vuelven del todo a su cauce. En ese caso, algunas especies se recuperaron totalmente y otras disminuyeron su presencia más de un 50%, aunque no todos los expertos achacan este descenso a la catástrofe. Desacuerdo hay tanto en el caso americano como en el español, en el que Greenpeace sigue reclamando responsabilidades mientras los marineros aseguran que ya no quedan ni las migajas del Prestige. Sea como sea, siete años siguen siendo pocos para permitirnos el olvido.
Foto: 2002 Oia vertido Prestige por manuelc2005 en Flickr
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