
La población civil es la más afectada por las guerras en África
A finales de los años 90 del siglo pasado y a lo largo de los primeros años del actual siglo XXI, África Occidental ha estado sufriendo guerras brutales, en las que la población civil ha sido la peor parada. Los conflictos que enfrentaban a guerrillas poderosas, en las que las balas valen más que las palabras, y a gobiernos corruptos evidenciaban la total ausencia de cualquier tipo de Estado. Trazados con escuadra y cartabón, tras los procesos imperialistas y, consecuentemente, colonizadores emprendidos por las potencias europeas durante el siglo XIX, muchos países africanos engloban etnias enfrentadas entre sí desde tiempos inmemorables, a la vez que separan tribus de las mismas etnias por barreras fronterizas infranqueables, fuertemente vigiladas a punta de fusil.
No basta con decir que las guerras del África Occidental son un sinsentido, que tienen su origen en un orden político y económico demasiado arraigado como para poder atajar el problema de raíz. Hay que actuar. Muchas veces, pensamos desde nuestros sofás, qué podemos hacer nosotros no para evitar estar guerras –algo que parece poco probable que pueda ocurrir desde nuestro salón–, sino para no fomentarlas. Y es que aunque no seamos conscientes, muchos de estos conflictos bélicos están íntimamente relacionados con la actividad económica que tiene lugar en los países desarrollados. Entonces, lo que propongo en primer lugar es tomar conciencia de los acontecimientos y, en segundo lugar, identificar las causas que han llevado a miles de personas a matarse entre ellas… ¿por nada?
¿De dónde sacan las armas estas poblaciones que apenas tienen para comer? Para empezar esta pregunta tiene un planteamiento erróneo, puesto que alimentos sí que hay, pero no al alcance de todos. Por tanto, habría que considerar a estas sociedades como extremadamente desiguales, con una pequeña población muy, muy, muy rica y una gran población paupérrima. Las armas, evidentemente, no se fabrican en estos países, donde la industria –y mucho menos la industria armamentística– es deficiente, arcaica y, en la mayoría de los casos, nula. Es decir, las armas son compradas. Pero si estos países tienen la economía por los suelos, son incapaces de mantener unas mínimas infraestructuras de producción o un mínimo sistema de servicios sociales (escuelas, hospitales, etc.) , ¿cómo las compran? Pues muy sencillo. Estos países –entre los que destaco Angola, El Congo y, sobre todo, Sierra Leona– tienen una importante reserva de materias primas que en otros lugares no se encuentra. A cambio de éstas, obtienen armas para luchar por el dominio del territorio: golpes de Estado que suceden a otros golpes de Estado para saciar el ansia de poder de unos pocos.
Foto: T U R K A I R O