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Catástrofes, Medio Ambiente

Aguas, Ríos y Pueblos

Las muertes, vidas truncadas y daños ecológicos que ha provocado una mala gestión del bien más preciado
Meritxell Fandiño
11:10h Jueves, 13 de mayo de 2010
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Los barcos del Mar de Aral reposan oxidados en la arena. El agua ha desaparecido.

“Vivimos en el Planeta Azul, el Planeta Agua. Y sin embargo, 1.100 millones de personas, según NNUU, no tienen garantizado el acceso al agua potable; y como consecuencia de ello, unas 20.000 mueren cada día, en su mayoría niños. (…) En realidad, afrontamos las consecuencias de la crisis de insostenibilidad que hemos provocado por extracción abusiva, contaminación sistemática y destrucción de humedales, lagos, ríos y acuíferos. Primero han muerto anfibios y peces, y más tarde han empezado a morir las personas; eso sí, en las comunidades más pobres. Hemos transformado el agua, elemento clave para la vida, en el agente más letal jamás conocido“.

Con afirmaciones así de contundentes se presenta la exposición Agua, Ríos y Pueblos, establecida en el Museu Marítim de Barcelona hasta finales de mes. Y es que el tema no es para menos. Entre 40 y 80 millones de personas han tenido que ser desplazadas de sus viviendas y pueblos por culpa de la construcción de presas. Unos 25 millones han tenido que hacerlo por motivos de inundación o sequía. Y todo ello sin contar los muertos. Se calcula que la construcción de la Presa de las Tres Gargantas, en China, ya ha causado la muerte a cientos de personas por los deslizamientos que el embalse ha provocado en las laderas de las montañas. También es conocida como la gran muralla oscura, por sus dimensiones e impacto. En 2007 el gobierno del país reconoció que la presa podría causar una “catástrofe medioambiental”.


No sólo de presas y catástrofes va el asunto. El agua también ha sido motivo de conflictos armados, a veces incluso a modo de guerra no declarada, que siguen presentes aún hoy en día. También la sobreexplotación ha causado estragos en la población. El caso más paradigmático es el del Mar de Aral (Kazajstán/Uzbekistán), en su día el cuarto lago más grande del mundo. Hoy en día, una pequeña charca. Su tamaño se ha reducido en un 75% después de que la Unión Soviética desviara la mayor parte del caudal de los ríos que lo proveían para regar campos de cultivo algodón. Los habitantes de la región, que antaño vivían del puerto, el comercio y la pesca, ahora habitan un desierto. La mayoría de ellos, además, sufren gravísimos problemas de salud (enfermedades respiratorias crónicas, fiebre tifoidea, hepatitis y cáncer de esófago). La tasa de mortalidad infantil es de las más elevadas del mundo.

A pesar de todo esto, el silencio mediático es máximo. También el de las principales instituciones internacionales. Estas cosas están ocurriendo aquí y ahora, en oriente y en occidente, y la mayoría de nosotros ni lo sabemos. Por ello, esta exposición no se ha quedado sólo en el museo. Expresamente para la ocasión se ha creado un semanario, Papel de Aguas, que resume lo acontecido durante este mes en Barcelona, a la vez que contribuye a la difusión crítica de todas estas cuestiones marginadas. Todo lo relacionado con este acontecimiento, mayoritariamente consultable en la red, es más que recomendable.

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