
En los campos de trabajo también hay tiempo para el ocio
Los veranos pueden llegar a ser muy largos y, a veces, hasta aburridos. ¿No te ha pasado alguna vez que has deseado que llegara septiembre para poder volver a ver a los compañeros de clase porque los meses de vacaciones llegaban a ser insoportables? Pues bien, eso ha sido porque nunca has ido a un campo de trabajo. No hay experiencia más gratificante e inolvidable que ir a un campo de trabajo. Yo la recomiendo para aquellas personas que quieran vivir experiencias nuevas, sentirse útil para la sociedad, conocer gente maravillosa, y pasar unos días increíbles y divertidos…, pero también duros.
Al campo de trabajo suele asistir gente joven –entre 20 y 25 voluntarios, además del responsable del equipo técnico y el equipo de dirección, que también suele estar compuesto por gente joven–, de diferentes lugares, pero con un mismo objetivo: colaborar de forma voluntaria en un determinado proyecto. El compromiso es lo que les une, y también las ganas de ayudar. Sin embargo, no todo son tareas arduas, ya que los campos de trabajo también contienen actividades más distendidas: excursiones, talleres, juegos, etc. Suelen durar unas dos semanas, aproximadamente, y el reparto del tiempo es el siguiente: mientras que por las mañanas se dedica un tiempo a ejecutar las tareas a las que estaba destinado el campo de trabajo, por las tardes el tiempo lo ocupan las otras actividades más relajadas que antes he mencionado.
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